Deja de titubear. Salta, desmelénate, haz lo que te apetezca a cada momento. Evita la mediocridad a toda costa y hazte notar. Deja de pensar en qué cojones pueden decir o hablar y suéltate. Valora cada minúsculo detalle ya que lo pequeño se hace grande día a día. Deja la maldita monotonía aunque te sientas arropado por ella. Haz lo que desees aunque esté mal, aunque puedas arrepentirte, aunque no debas. Que el temor a fallar no te impida jugar, que hay muchas maneras de morir y solo una de vivir.
Mira hacia adelante, pero fíjate en los lados:
lo mejor suele estar fuera de plano.
